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Un día en Bilbao: ruta a pie, hora por hora

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Bilbao es una ciudad cómoda de recorrer a pie: casi todo lo que querrás ver está en los dos márgenes de la Ría y se enlaza andando en un día, sin prisa. Esta es una ruta que funciona, con margen para saltarse cosas.

Mañana: Casco Viejo y Mercado de la Ribera

Empieza en el Casco Viejo, el núcleo antiguo conocido como las Siete Calles. Es peatonal, se recorre entero en un par de horas y es el sitio donde más merece la pena perderse a propósito: la gracia está en las calles estrechas, no en una lista de monumentos.

Pasa por la Catedral de Santiago y por la Plaza Nueva, un espacio porticado que los domingos por la mañana acoge un mercadillo de coleccionismo, libro viejo y plantas. Si coincide en domingo, es de las mejores horas del fin de semana en la ciudad.

Baja después al Mercado de la Ribera, a la orilla del Nervión. Es un mercado municipal en activo, con planta de puestos y zona de degustación arriba, y funciona igual de bien para comprar que para desayunar mirando el río. Cierra domingos, cosa que conviene mirar antes de contar con él.

Si te sobra energía, desde el Casco Viejo se sube a la Basílica de Begoña por las escaleras de Mallona o por el ascensor: son diez minutos y se gana una vista buena de la ciudad.

Mediodía: la Ría y el Ensanche

Cruza a la otra orilla y sigue el curso del agua. Este tramo es un paseo continuo, urbano y llano, con los puentes como hilo conductor: el Puente del Arenal, el Ayuntamiento al fondo, y más adelante el Zubizuri, la pasarela blanca de Santiago Calatrava que se ha convertido en una de las postales de la ciudad.

A partir de ahí entras en Abandoibarra, la zona que transformó Bilbao: lo que era suelo industrial y portuario es hoy paseo, parque y museos. Es el mejor sitio para entender de un vistazo lo que le pasó a esta ciudad en treinta años.

Para comer, dos opciones honestas: tirar de pintxos por el Casco Viejo antes de cruzar, o buscar mesa en el Ensanche, la zona de cuadrícula alrededor de la Gran Vía, donde hay más oferta de menú del día.

Tarde: Guggenheim y Doña Casilda

El Museo Guggenheim, obra de Frank Gehry inaugurada en 1997, es la parada obligada aunque no entres: el edificio recubierto de titanio se disfruta desde fuera, y alrededor están las piezas que todo el mundo fotografía — el Puppy floral de Jeff Koons en la entrada, la araña Mamá de Louise Bourgeois y los Tulipanes junto a la Ría.

Si entras, calcula dos horas largas y compra la entrada con antelación en temporada alta. Si no, dedica ese rato a rodearlo por la orilla, que es un paseo excelente y gratuito.

A cinco minutos está el Museo de Bellas Artes, mucho menos concurrido y con una colección que sostiene la comparación de sobra, y justo detrás el Parque de Doña Casilda, el parque clásico de Bilbao: estanque, patos, pérgola y el sitio donde la ciudad va a sentarse un sábado por la tarde.

Atardecer: Artxanda

La mejor hora del día se ve desde arriba. El funicular de Artxanda sale de la Plaza del Funicular, a un paseo corto del Casco Viejo, y sube al monte en tres minutos. Arriba hay un mirador con la vista completa de Bilbao encajado entre montes, un parque grande, merenderos y sitio para comer.

Ve con margen antes de la puesta de sol: el mirador se llena justo a esa hora y el funicular hace cola. También se puede subir andando por carretera si te apetece caminar, o bajar a pie después, que es cuesta abajo y se hace en media hora larga.

Noche: pintxos

Bilbao se cena de pie y en varios sitios. La costumbre es una consumición y uno o dos pintxos por bar, y cambiar. Hacerlo en un solo local es el error clásico del que llega de fuera.

Tres zonas, con carácter distinto: el Casco Viejo, la más concurrida y variada; la calle Ledesma, en pleno Ensanche, de terrazas y ambiente de after work; y la calle Diputación y alrededores, algo más tranquila y con cocina más cuidada. También merece la pena cruzar a Bilbao la Vieja y San Francisco, el barrio más mezclado de la ciudad, con la oferta más internacional.

Un apunte de vocabulario, por si acaso: el txakoli es el vino blanco local y el zurito es una caña pequeña, que es justo lo que se pide cuando vas a cambiar de bar tres veces más.

Notas prácticas

  • La ruta entera es andable, pero son bastantes kilómetros: calzado cómodo y sin prisa.
  • El metro es sencillo (dos líneas principales) y el tranvía recorre justo la orilla de la Ría; hay tarjeta recargable única para metro, tranvía y autobús urbano.
  • Llueve. Mete un chubasquero aunque la previsión diga que no, y ten pensado qué museo usarías como refugio.
  • Los lunes cierran varios museos y los domingos cierra el Mercado de la Ribera: comprueba horarios antes de montar el día alrededor de ellos.
  • Si te sobra un día, la ampliación natural es bajar a Getxo y ver el Puente de Bizkaia, el transbordador de 1893 declarado Patrimonio de la Humanidad, que está a media hora en metro.

Preguntas frecuentes

¿Se puede ver Bilbao en un día?

Lo esencial sí: Casco Viejo, la Ría, el entorno del Guggenheim y Artxanda entran de sobra en un día andando. Entrar a museos con calma ya pide un segundo día.

¿Hace falta coche?

No, y estorba. El centro es peatonal en buena parte y el transporte público cubre todo lo de esta ruta.

¿Cuál es la mejor época?

Primavera y principios de otoño. Agosto tiene Aste Nagusi, la semana grande de fiestas, que es espectacular pero convierte la ciudad en otra cosa.

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