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Planes para hacer en solitario

6 min de lectura

Hacer planes solo tiene una fama rara: se asume que es lo que haces cuando no tienes con quién. En realidad es una manera distinta de hacer las cosas, con ventajas que no tiene ningún plan en grupo — empezando por que no hay que negociar nada.

La ventaja concreta de ir solo

Vas al ritmo que quieres, cambias de idea a mitad, te quedas media hora más donde te apetece y te vas cuando te cansas. Nada de eso es posible en grupo, donde todo plan es un promedio de lo que quieren cinco personas.

Además pasa algo curioso: solo se ve más. Sin conversación de por medio, prestas atención a lo que tienes delante, hablas con gente con la que no hablarías si fueras acompañado, y te acuerdas mejor del día.

Primeras veces fáciles

Si te da corte, no empieces por una cena de dos horas en un restaurante. Hay una escalera bastante clara:

  • Un paseo largo con destino, que es imposible que salga mal.
  • Un museo o una exposición: el sitio ideal para ir solo, porque nadie va a hablar contigo y puedes tardar lo que quieras en cada sala.
  • Cine en sesión de tarde entre semana.
  • Un café con libro. La barra de una cafetería en la que ya te conocen es el nivel dos.
  • Comer fuera solo, empezando por la barra en lugar de por una mesa.
  • Una excursión de medio día en transporte público a un pueblo cercano.
  • Un concierto pequeño, donde nadie mira a nadie.

Solo, pero con gente alrededor

Hay una categoría intermedia muy buena: planes que haces por tu cuenta pero que ocurren con otras personas. Un grupo de running o de montaña, un taller, un club de lectura, una clase suelta, una quedada abierta de fotografía o de juegos de mesa.

Te apuntas solo, no tienes que convencer a nadie y terminas con conversación. Es, con diferencia, la forma más eficaz de conocer gente en una ciudad nueva, mucho más que cualquier aplicación.

En EGITEKO puedes marcar "voy" en un plan con fecha y ver quién más va ese mismo día. Es exactamente ese punto intermedio: vas por tu cuenta, pero no llegas a un sitio donde no conoces a nadie.

El corte de los primeros días

Merece la pena nombrarlo, porque es la razón real por la que mucha gente no lo hace: la sensación de que te están mirando. La respuesta corta es que no te está mirando nadie. En un museo, en un cine o en la barra de un bar, la gente está a lo suyo, y quien te ve pasar te olvida antes de que hayas cruzado la sala.

La sensación baja rápido con la repetición, y hay un truco que ayuda mucho al principio: llevar algo que hacer. Un libro, una libreta, una cámara, una lista de cosas que buscar. No es para disimular, es porque tener una tarea concreta reorienta la atención hacia fuera y desactiva el bucle de estar pendiente de uno mismo.

Otra cosa que funciona: empezar en horarios en los que el sitio está a media entrada. Un martes por la tarde no se parece en nada a un sábado a las nueve, y la primera vez conviene que sea un martes.

Seguridad y sentido común

Sin alarmismo, pero conviene tenerlo en cuenta, sobre todo en monte o en sitios apartados:

  • Dile a alguien dónde vas y a qué hora piensas volver. Es la única regla realmente importante.
  • Batería. Un cargador portátil pequeño resuelve el 90% de los problemas de un plan en solitario.
  • En monte: ruta descargada sin conexión, agua, frontal si hay opción de que se haga de noche, y no estrenar ruta difícil en solitario.
  • De noche en ciudad, prioriza calles con gente aunque alargue el camino, y ten claro cómo vuelves antes de salir.

Preguntas frecuentes

¿Se nota mucho si voy solo a comer?

Mucho menos de lo que crees. Fuera de la hora punta del fin de semana, en barra es completamente normal.

¿Cuál es el mejor plan para empezar?

Una caminata con un destino concreto: no hay nada que gestionar, dura lo que tú quieras y siempre sale bien.

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